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Cuando Jesús de Nazareth predicaba en aquel Israel ocupado por los romanos, a más de un judío se le pudo antojar que el hombre divagaba. En lugar de llamar a la rebelión contra los invasores hablaba de otras cosas. Veo cierto paralelismo entre aquel hombre y estos monjes tibetanos debatiendo filosofía budista en una patria ocupada descaradamente por los chinos. Si yo fuese tibetano tal vez estaría pensando en degollar al invasor. Y probablemente la historia demostraría mi error.
Francisco Luis Azpiroz Costa